Capítulo 3: la traca final
Los pezones comenzaban a dolerme. La excitación me había mantenido en un estado en que podía aguantarlos, pero ahora, que estaba calmándome un poco mientras recogía la mesa, lo sentía palpitando bajo las pinzas y provocándome un tremendo dolor.
Cuando me acerqué a ellos mi Señor ya había servido el café y había puesto algunos licores sobre la mesa. No había puesto ningún mantel sobre la mesa de cristal y estuve a punto de abrir la boca y criticárselo. Pero por mi propio bien me callé.
Me senté en el cojín del suelo como recordaba que me había ordenado. La posición me hizo sentir la vejiga llena, llevaba mucho tiempo sin ir al aseo, además me molestaban muchísimo los pezones… miré hacía mi Señor de forma dulce y como estaban hablando, para no interrumpir, puse una de mis manos sobre su pierna para indicarle que quería pedirle algo.
- ¿ Qué sucede esclava?
- Amo, me podrías quitar las pinzas…. Me duelen mucho.
Me las quitó de sopetón. Sin decir un, dos, tres como solía hacer. Solté un grito de dolor y me quejé. Me miró seriamente. No entendía que había hecho mal para que me tratara de forma tan brusca. Nuestra amiga trató de protestar, porque veía que quizás mi Señor se había extralimitado, pero su Amo la puso una mano por delante y le indico que se mantuviera callada, que cada cual educaba a su propiedad como deseaba y que no sabía que había pasado.
Mi Señor me agarró de la coleta y se levantó empujándome suavemente hacia atrás en el suelo. Me dejé hacer mirándole sorprendida… su mano suavemente me puso el cojín bajo la cabeza.
- Te dije esclava, que específicamente hoy no podías tratarme de tú… ¿ verdad?
– Si, Amo… lo siento
– No quiero tus lo siento… sabes lo que tienes que hacer
Cerré los ojos. Sus palabras muchas horas antes, mientras castigaba mis nalgas para su placer, martilleaban mi cabeza. Odiaba eso. Siempre me hacía cerrar las piernas, no podía evitarlo el dolor sobre mi coño desnudo era demasiado desagradable, simplemente no podía evitarlo. Se giró hacía nuestro amigo.
- Parece que sí vas a tener que prestarme a tu sumisa…
- Claro, para lo que tu quieras… luego quizás te pida yo a la tuya… sólo he probado su boca.
Esas palabras me estremecieron. Mi Señor se levantó y fue a por el gato mientras yo, tumbada en el suelo y abierta totalmente de piernas dejaba mi coño rasurado a la visión de nuestro amigo. Me sentí humillada, porque a pesar de todo estaba excitada y lo mostraba húmedo y anhelante. Mi Amo volvió con paso firme y pidió a nuestra amiga que me sujetara las piernas separadas, sin permitir que las juntara para nada.
Solté todo el aire de mis pulmones… y me arqueé hacía delante al sentir el primer golpe en mi sexo. El gato parecía una vara de madera golpeando mi zona más sensible, al siguiente una lágrima se escapó de mis ojos cuando una de las tiras del gato golpeó de lleno mi clítoris.
Solté un gritito en alto pero no protesté. Sólo llevaba tres fustazos y mi Amo parecía dudar en darme más. Sabe que el dolor no es precisamente mi fuerte. Abrí los ojos y miré a los de Él asintiendo despacio, tenía que pagar por mi error. Me dio los que faltaban con fuerza, como los anteriores y sin dudar.
Al terminar mi amiga se levantó y se volvió a sentar donde estaba… Me incorporé despacio y me arrodillé ante mi Señor besando con devoción la mano con la que me había castigado
- Gracias mi Dueño por hacerme mejor esclava
Su mano acarició mis cabellos y me estremecí. Cogió una botella de agua y me la acercó a la boca. Pero yo negué moviendo la cabeza y me sonrojé bajando la mirada al suelo. Se estaba pasando el dolor de los gatazos y sentía nuevamente las ganas imperiosas de orinar. No levanté la cabeza del suelo, pero sé que sonrió, cuando escucho un hilo de voz, un par de octavas más altas de lo habitual en mi tono de voz, salir de mi garganta. -
- Por favor mi Amo… ¿ me permite ir al baño?
– Si quieres ir, ya sabes donde debes hacerlo
Asentí despació… no quería mirar a mis amigos. Me acerqué a cuatro patas, hasta el barreño y me puse de espaldas a ellos para poder tener un poquitín más de intimidad de la que parecía iban a darme.
– No gatita, mira hacia nosotros… clava tus ojos en mí…
Tardé en reaccionar… era demasiado humillante, pero no podía fallar justo después de un castigo. Habría dejado a mi Dueño en mal lugar, y no podía permitirme ese lujo. Me giré con dificultad, siempre me ha costado andar en agachada, pero lo hice y levanté la mirada clavándola en sus ojos, esos que son capaces de dulzura y dureza a la misma vez… relajé la vejiga y dejé caer el líquido… apreté para que saliera con mayor velocidad y que el momento pasara cuanto antes.
Y con ese líquido que salía de mi cuerpo, parecía que también se iban otras muchas cosas, se iban mis miedos de no ser capaz de hacer estas cosas que hasta esa noche me parecían tremendamente fuertes, se iba muchos de mis tabús y sólo quedaba yo: constance, la esclava que se dio una tarde de otoño a su Señor…
Ni me percaté de que mi Amo se había levantando y se había acercado hasta mí para limpiarme entre las piernas con un pañuelito. Actué desde ese momento de forma automática, saliendo de ese lado y volviendo a estar en mi cojín. Mi Señor se retiró y vació Él mismo el barreño que un momento antes su propiedad había llenado.
Paseé la mirada por nuestros amigos. Ella ni me miraba, Él me miró un segundo, pero no pude mantenerle la mirada, me sonrojé y miré hacía el mueble.
Regresó mi Señor con el gato, pinzas y algunos de los vibradores. La otra esclava pronto acabó desnuda y siendo azotada por su amo, de cara a la ventana, con la cabeza fuera teniendo que ahogar los gemidos de dolor y placer que se iban entremezclando. Mientras tanto, mi Señor me había situado de forma que pudiera verlo, y se dedicaba a adornar mi cuerpo con pinzas… algunas le dejo a nuestro amigo que las pusiera sobre mi cuerpo.
Cerré los ojos dejándome hacer, como hacía siempre. Cuando me las quitaron se me ordeno ponerme sobre nuestra amiga, en posición de 69. El sabor de ella no era desconocido para mis labios y esta vez no me sonrojé tanto como la primera vez que me habían ordenado hacerla llegar al orgasmo. No levanté la vista de su coño rasurado hasta que en momento sentí una polla llenando mi coño… y unas manos cogiéndome del pelo.
Pensé que seria nuestro amigo queriendo volver a disfrutar de lo que había realizado durante la cena, pero me sorprendí al ver a mi Amo. Me revolví ligeramente tratando de separarme y no abrí la boca. Sin embargo mi amiga empezó a lamer y al primer gemido mi Señor aprovecho para metérmela hasta el fondo.
En ese momento yo dejé de ser yo misma y solo comencé a chupar… sentía cosas que jamás había sentido y aunque quería gemir no era capaz. Me afané en hacer la mejor felación de toda mi vida. Mi Señor preguntaba a nuestro amigo si estaba disfrutando de su propiedad y el se limitó a halagar lo acogedor que era mi coño…
- Cambiemos…
Me noté vacía cuando se apartó de mi. Apreté mi coño y no me moví de mi situación. A una orden mi amiga cambió su posición exponiendo su sexo desnudo frente a mi boca. Me hicieron levantarme un momento y mi Señor se tumbó, me ordenó cabalgarle. Supuse que ahora serían ellos los que lo harían por su lado y nosotros por el nuestro con total tranquilidad.
En el momento en que mi Amo me cogía la cabeza y me la empujaba contra el coño de nuestra amiga sentí una segunda polla entrando en mi, por el agujero que me quedaba libre. Solté todo el aire… era grande la sensación nueva.. estaba tremendamente excitada, y no era capaz de parar de gemir. Traté de darle placer a nuestra amiga, lamiendo el clítoris con cuidado… pero a cada rato tenía que parar por el grado de excitación que tenía… estaba a punto de correrme
– Amo… por favor se lo ruego… puede su esclava correrse… no aguanto más.
– Hazlo…
Me corrí.. y sentí como alguien se corría dentro de mí, aunque en ese momento no fui capaz de saber quién era. Nuestros amigos se pusieron a lo suyo, ella en cuatro… y yo me separé de mi Señor besándole de forma apasionada.
Su lengua buscaba la mía con delicadeza y yo busqué la de él de forma urgente. Al separarnos noté que había sido Él quien me había regalado con su semilla. Me sonrió apartándome el pelo de la cara y giro la mirada hacia nuestros amigos haciéndome una señal.
No me hacía falta mucho más. Me acerqué a donde estaban ellos y me puse debajo de ella comenzando a lamer su clítoris con fuerza. De vez en cuando le rozaba suavemente los pezones. No paré hasta que ambos habían tenido su orgasmo…
Me aparté de ellos dejándoles intimidad y me acerqué a mi Amo abrazándole con dulzura. Me sentía tranquila entre sus brazos…
Capítulo 4: Epílogo
Abrí la puerta y di un abrazo a nuestra amiga. Con un suave beso le agradecí todo.
Cuando iba a salir nuestro amigo hice una ligera reverencia juntando mis manos por delante. Era mi forma respetuosa de darle las gracias por todo. Me levantó diciéndome que me dejara de tonterías me dio un fuerte abrazo.
Se dirigió a la puerta y justo antes de salir se volvió a mi Señor.
– Has de estar muy orgulloso de tu esclava…
Mi Señor cerró la puerta, sin decir nada más. Me agarró de la cintura y me besó suavemente sonriéndome.
– Lo sé.
Pd: este es un relato imaginario que quizas algun dia se ponga en practica… pues se que mi Señor realmente lo desea