Darte la cuenta de que eres distinto es fácil. Aceptarlo es complicado.
¿ Cómo dejas de sentir la moral tradicional?. Te educan en que debes ser una mujer fuerte y trabajadora. Que no debes someterte a ningún varón. Las actividades de la casa han de ser compartidas, no deben poder decirte lo que debes hacer. En el fondo no dejan de ser incongruencias, porque mientras te están educando de esa forma, tu padre está tirado en el sofá mientras tú pones la mesa y cuando decides teñirte el pelo te dicen que tienes pinta de golfa y que estás sacando los pies del tiesto.
La educación nunca es fácil. Supongo que educar en casa es aún más complicado. Luchas contra lo que tú piensas y con lo que sabes qué debe ser la educación correcta, o por lo menos, lo socialmente aceptado. Y esa forma de educar condiciona a la persona a lo largo de su vida. Siempre te lleva con esa dicotomía que te hará tomar las decisiones en tu vida moviéndote entre lo que te han enseñado ( y lo que has aprendido por tu cuenta) y lo socialmente aceptado.
La mujer ha de ser luchadora, agresiva, moderna, masculinizada casi. Al mismo tiempo ha de ser madre y esposa. Pero sobre todo, ha de ser independientemente libre. Tener la libertad de decidir por sí misma desde lo que quieren ponerse de ropa hasta en qué quieren trabajar o cuando van a tener hijos.
Eso realmente no es así. Quien diga lo contrario engaña a quién se lo dice, y así mismo.
Así mismo, porque si realmente hiciéramos lo que nos da la gana, no se nos pasaría jamás por la mente el pedir consejo a nadie, o qué podría pensar mi padre, mi madre, mi pareja, mis hijos… Sólo nos tendríamos en cuenta a nosotros mismos. En el momento en el que importa el qué dirán, uno deja de ser libre. Lo peor de todo además es que no es una libertad que nosotros decidamos, nos viene auto-impuesta en esa enseñanza que hemos tenido desde pequeños, dónde lo socialmente aceptado era la base de todo lo bueno.
Somos esclavos sin que lo hayamos decidido.
La reflexión es dura, y te golpea como una bofetada con la mano abierta. Dejándote la marca. Por suerte, o por desgracia, el ser humano está muy capacitado para recomponerse moralmente y alejar esos pensamientos tan poco aceptados.
No es ético pensar que somos esclavos. Estamos en una democracia. Trabajo en lo que quiero, tengo libertad de expresión, tengo libertad de decisión, de comprarme lo que quiera, de viajar. La mujer puede ir con minifalda o falda larga. No me obligan a ir a la Iglesia, ni siquiera tengo que fingir tener una idea política igual a la que tenga el régimen gobernante.
Y sin embargo… si piensas diferente que la mayoría eres raro. Destacas. Puede ser que destaques en un círculo pequeño, el familiar, o en un círculo que te haga conocida. Puede ser que seas esa “oveja negra” que es radical de izquierdas en una familia de derechas, o esa persona que lleva diseños de Agatha Ruiz de la Prada en un sitió dónde todos visten de traje gris o negro.
Ser raro, no es fácil. Muchas veces incluso esas personas tendrán que adaptarse a lo socialmente aceptado sin remedio. Volverán aunque sea por unas horas a ser esclavos forzosos. Ya sea vistiéndose con ropa diferente, o dejando de tratar temas de política en casa. Volveremos a aceptar lo social, lo normal, lo lógico. Seremos esclavos forzosos, silenciados de forma obligada.
Aún así, luego lo haremos ver como una cesión momentánea sin mayor importancia. Fue para no tener problemas con una persona en concreto, o porque en ese momento nos apetecía. Seguimos siendo diferentes y enarbolando esa bandera. Seguimos siendo esclavos de los otros raros, de todos los que piensan como nosotros y a los que no deseamos decepcionar confesando una claudicación momentánea al otro bando.
Luego hay personas que decidimos tomar al esclavitud con fuerza y ser esclavos de una sola persona, que marcará nuestra vida, controlará nuestras acciones, nuestro bienestar. Pasamos a una esclavitud más sincera.
Sin embargo, y esas personas que acogen la responsabilidad de esclavizar a una persona, ¿cómo se libran de esa esclavitud generalizada?, ¿ no serán acaso esclavos también?.
Sí. Los Dominantes se mantienen con ciertas ataduras a esa esclavitud del mundo, de la sociedad en la que vivimos. Sin embargo su forma de escape radica precisamente en que tienen a su servicio a una persona a la cual imponen ellos ese control. Y lo imponen en muchos más aspectos de los que la sociedad les controla a ellos. Son controladores, educadores, moldeadores, semidioses y esclavos.
Son controladores de una vida, de unas circunstancias y de un entorno de una persona que se les ha dado libremente. Son educadores pues muchas veces han de establecer unos nuevos pensamientos, gestos, habilidades en esa persona que se les somete. Son moldeadores porque deben crear la forma idealizada que tienen en su mente a partir de un barro imperfecto lleno de aglutinantes y desperdicios que han de cribar con la paciencia de un minero buscando oro en el río más caudaloso.
Pero sobre todo son semidioses. Tienen el poder de un dios, pero con las cargas de responsabilidad de quien aún no ha entrado en el Olimpo. Tienen el bienestar en sus manos, a veces la vida misma y salud de esa persona. Tienen en sus espalda uno de los trabajos de Hércules, y no tienen las garantías reales del premio final, sólo de las recompensas que vayan sacando en el caminar moldeando.
Y también son esclavos en algún momento, porque de cara a una sociedad que finge ser liberal y respetar al prójimo, tienen que ocultar el resto de sus facetas. Tratando de pasar desapercibidos en un mundo dónde los socialmente establecido son las cadenas con las que nos tienen atados en lo que hoy llamamos una “democracía”.